Archivo mensual: enero 2017

LA PESADILLA

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En realidad yo nunca había soñado, nada, absolutamente nada.

Cuando era pequeño inventaba pesadillas, sabía que era una buena forma de tener a mi papa corriendo a salvarme de los monstruos debajo de la cama o el hombre vestido de guerrero japonés dentro del armario o la aspiradora sangrienta que arrasaba con el gallinero dejando un reguero de plumas y sangre, y aquel terrible mango que en cuanto yo trataba de mordelo habría su enorme y dentada boca y me mordía toda la cara rápidamente..

Me las tenía que inventar y me daba mucha envidia que mi hermano mayor si las tuviera, las de él eran de verdad, el sudaba y le costaba horrores volverse a dormir temblaba y costaba mucho sacarlo del terror.

O al contrario, en los largos desayunos del domingo le relataba a mis papas sus sueños divertidos de vuelos, piscinas llenas de pastelitos que iba pescando con la boca, tocinillos de cielo, pequeñas bolitas de crema, trufas de chocolate y bolas de helado.

Y claro sus sueños creaban una avalancha de los sueños de mis papas, sueños menos divertidos, pero interesantes, encuentros con la abuelita Eulalia que siempre le sacaba los zapatos a mi papa y se pinchaba con las piedras o los discursos fantásticos de mi mama a la asamblea que aplaudía y la nombraba presidenta, la primera mujer presidenta y justo cuando iba a dar las gracias se daba cuenta de que no llevaba ropa interior.

En fin que entonces a mi me tocaba invariablemente inventar algún sueño que fuera al menos igual de entretenido que los de mis papas o si podía más divertido que los de mi hermano, aunque era difícil, él soñaba de verdad y tenía 8 años por fuerza sus sueños eran muy divertidos.

Así que ahí estaba yo inventando que entraba en el colegio y me recibían con una silla de honor por haber hecho la suma más larga del colegio o que el lápiz se convertía en una barra de caramelo y me lo comía y entonces no podía hacer el exámen y cuando trataba de explicarle a la maestra, a ella le daba risa porque la tiza era un pedazo de mazapán y los colores de los compañeros barras de caramelos de fresa y menta.

Y aquí estoy ahora escribiendo en mi diario que he tenido una pesadilla, realmente la tuve, ha sido algo impactante, mi esposa a mi lado se asustó cuando la desperté con mis gritos, yo estaba sudando, temblaba, mi respiración era rapidísima, había tenido una terrible pesadilla.

Y ahora horas después no he logrado recordarla.

 

 

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