TEJIENDO VACIOS

Tomo el hilo de mi tiempo y reviso lo tejido, tengo las manos vacías.

Descubro que no tengo nada que pueda exponer que sea verdaderamente mío, todo lo que veo aquí dentro y lo que está fuera tiene toques, trazos, sombras, atisbos que pueden tener mi esencia.

Y estoy bien con eso.

Si tuviera que hacer el equipaje justo ahora que reviso y actualizo, me bastaría una sonrisa, que tampoco es mía, pero esa me llevaría, esa me abriría las puertas porque aunque estoy  segura de que tengo las manos vacías, esa sonrisa y las sonrisas de esa sonrisa me bastarían para hacerle un espacio a la esencia que he sido allí donde uno llega cuando se va.

Imagen de atodocreyon2blogspot.com de Claudia Chacón

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Las sabanas rebeldes de Margarita

 

Mis sábanas andan revueltas, andan que se quieren ir detrás de la brisa de una cuaresma despistada que las incita a rebelarse y volar lejos, volar al mar donde como velas puedan ser ellas.

Mis sábanas enganchadas en su cuerda buscan seguir a las bandadas de pájaros que andan jugando entre nubes y mangos.

 

En realidad ellas siempre andan tramando algo, a veces juegan con el sol y quietas tratan de broncearse, otras locas de inquietas como ahora tratan de ser la vela del velero que romántico va, de puerto en puerto, de beso en beso, de sol en sol, de palmeras y olivares y gaviotas, tijeretas, sardinas y pelicanos y que más, que se yo.

 

Y me las quedo viendo, y me las quedo mirando y no entiendo qué tanto saben ellas de gaviotas o del mar, ¿qué tanto? ¿será que yo imagino?

 

Por que ellas de la cama al patio, del patio al agua y a la espuma del jabón y de ahí a la cama otra vez… ¿qué tanto?

 

Y un día que llovía y soleaba y venteaba y gritaban los pájaros, escuché murmullos, así como chismorreo, no era la vecina, nadie en la calle, las sabanas ¿las sabanas murmuran?

Parece que si, entre el sol, las nubes, la lluvia y que uno en esta isla siente más, quiere más, pues lo que escuché fue que ellas, las sabanas, no tienen nada mejor que hacer que meterse en los sueños, en los recuerdos, en los pensamientos, y de ahí sacan el mar, las gaviotas, los veleros y la sal, los pelicanos con sardinas, la arena y seguro que también saben del amor y de llorar y de tanto más que sabrán.

 

Y yo que tengo tantas sábanas lavadas en el tiempo, ahora cuando me voy a dormir las miro con más respeto, las perfumo, las acaricio y les doy las buenas noches por si acaso, que no sea que de pronto se van.

 

Y todo esto pasa en esta isla de sol y gaviotas con sardinas y pelicanos, solo aquí las sabanas murmuran y chismorrean, solo aquí ellas escuchan los sueños y hasta quién sabe si se llegan a enamorar de aquel edredón de flores.

 

 

 

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LA PESADILLA

starry daystarry-day

En realidad yo nunca había soñado, nada, absolutamente nada.

Cuando era pequeño inventaba pesadillas, sabía que era una buena forma de tener a mi papa corriendo a salvarme de los monstruos debajo de la cama o el hombre vestido de guerrero japonés dentro del armario o la aspiradora sangrienta que arrasaba con el gallinero dejando un reguero de plumas y sangre, y aquel terrible mango que en cuanto yo trataba de mordelo habría su enorme y dentada boca y me mordía toda la cara rápidamente..

Me las tenía que inventar y me daba mucha envidia que mi hermano mayor si las tuviera, las de él eran de verdad, el sudaba y le costaba horrores volverse a dormir temblaba y costaba mucho sacarlo del terror.

O al contrario, en los largos desayunos del domingo le relataba a mis papas sus sueños divertidos de vuelos, piscinas llenas de pastelitos que iba pescando con la boca, tocinillos de cielo, pequeñas bolitas de crema, trufas de chocolate y bolas de helado.

Y claro sus sueños creaban una avalancha de los sueños de mis papas, sueños menos divertidos, pero interesantes, encuentros con la abuelita Eulalia que siempre le sacaba los zapatos a mi papa y se pinchaba con las piedras o los discursos fantásticos de mi mama a la asamblea que aplaudía y la nombraba presidenta, la primera mujer presidenta y justo cuando iba a dar las gracias se daba cuenta de que no llevaba ropa interior.

En fin que entonces a mi me tocaba invariablemente inventar algún sueño que fuera al menos igual de entretenido que los de mis papas o si podía más divertido que los de mi hermano, aunque era difícil, él soñaba de verdad y tenía 8 años por fuerza sus sueños eran muy divertidos.

Así que ahí estaba yo inventando que entraba en el colegio y me recibían con una silla de honor por haber hecho la suma más larga del colegio o que el lápiz se convertía en una barra de caramelo y me lo comía y entonces no podía hacer el exámen y cuando trataba de explicarle a la maestra, a ella le daba risa porque la tiza era un pedazo de mazapán y los colores de los compañeros barras de caramelos de fresa y menta.

Y aquí estoy ahora escribiendo en mi diario que he tenido una pesadilla, realmente la tuve, ha sido algo impactante, mi esposa a mi lado se asustó cuando la desperté con mis gritos, yo estaba sudando, temblaba, mi respiración era rapidísima, había tenido una terrible pesadilla.

Y ahora horas después no he logrado recordarla.

 

 

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ENCUENTRO

A pesar de no querer saber más de ti, cuanto mas me alejo más te encuentro.
He ido lejos, atravesado caminos, y marcado troncos, para no equivocarme y regresar por donde vengo.
Pero parece que nuestro amor tiene vectores y algoritmos que no puedo borrar o cambiar y aquí estoy de regreso.
Ya sé que no me crees.
Ya sé que no confías.
Pero es cierto y por eso, ni siquiera voy a tratar de que veas conmigo lo imposible del desencuentro.
He mirado formas y colores diferentes y hasta nuevos olores que me han gustado más que el tuyo, definitivamente me han gustado más.
He comido lo que no me gusta para cambiar mi paladar que tercamente, al principio, se negaba, y ahora, mírame comiendo coliflor contigo y tu mirándome con sorna y hasta con ironía.
dos especies nuevas en tu receta: sorna e ironía.
Y ni siquiera esos dos nuevo sabores tuyos han logrado el milagro, fíjate que lo llamo milagro, de separarnos.

¿es único el verso del universo

¿es único el verso del Universo? Dibujo a Creyón de Claudia Chacón

En   un inmenso mar de flores en Irlanda, muerto de frío y completamente solo, te pensé durante mucho rato, tanto, que se vino la noche helada y entonces me di cuenta de que pensarte, solo pensarte, ya me llevaba a tu encuentro.

Ya no estaba el mar de flores, y la helada eran rescoldos del  prado Irlandés, así de un solo golpe estaba dando la vuelta entre Urquija y Campoamor y tu estabas bajando del auto, primero un tacón, luego el pie, y después toda tu.

En serio, para volverse loco, o ya vuelto loco, no lo sé. Cómo saber si ya estoy loco ahora, o me volví loco cuando te fuiste o te dejé. Ni de eso me acuerdo.

Pero ahí estás, aqui estamos, yo tratando de explicarte lo que pasa, que ni es raro, ni complicado, solo pasa, me pasa a mi contigo. Porque te juro, que el resto de mi vida anda mas o menos igual, normal.

O quizás un poco marrón. un poco descolorido, pero solo quizás.

Lo que es seguro es que te encuentro, y eso me dice que es amor de ese de los versos, de ese que se puede llevar en cohetes a los marcianos, lejos, al centro del universo y hasta ellos sabrían que es amor, si no, ¿Dime tu, cómo es que te encuentro cuanto más me alejo ah?

 

 

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DESCUBIERTO

Nunca pensé, ni siquiera una sola vez, y tengo buena memoria, que alguien iba a saber de mí.
¿Por qué alguien se fijaría en mí? Nunca fui visible, o quizás lo fui pero de una manera irreal, aunque era obvio que yo ocupaba espacios, y cuando abría o cerraba las puertas se sabía que alguien había entrado, pero no yo, no, solo alguien.

Es como cuando te sientas a comer en un restaurante, eres uno que come, uno que pide esto y aquello como todos los demás. Uno más que come, sentado en una silla, ocupando un espacio y respirando el mismo aire que el de aquí o de allá, lo ordinario.

Algunos ocupan espacios y tiempos y tienen un nombre que le suena a muchas personas o a pocas, pero suena, no es solo que ocupe un espacio, no, es más que eso, es un nombre que suena en los oídos de alguien y rápidamente ese nombre toma forma, olor, color, y puede que hasta sabor.

No sé si llego a explicarme.

Pero es tan sencillo cuando solo ocupas espacio.

Tratemos de hablar de los cinco sentidos, quizás así sea más sencillo, puedo mirarte pero no verte. Puedo oírte pero jamás escucharte. Tu olor es normal, aunque usaras un perfume, serías el olor al perfume. ¿Entiendes? O hueles y eso es mal olor. Te recordarían por eso. Yo no huelo.
Hay sonido, voces que puedes reconocer sea como sea. Sabes quién es, casi en segundos. Hasta en una gran aglomeración si gritara, sabrías quién es.
Por eso cuando alguien me descubrió, me congelé, toda la sangre de mi cuerpo se quedó paralizada por segundos eternos, mi cara totalmente pálida, y un ligero temblor desde la cabeza hasta el coxis, que me hizo sacudirme sin ningún control.
Creo que por unos minutos perdí totalmente la noción de mí mismo. Como si hubiera dejado de ser yo y alguien se hubiera apoderado de mí.
Descubierto por una fortuita casualidad entre un billón de posibilidades.

Yo mismo cuando me afeito en el espejo cada mañana me desconozco, no me reconozco, absolutamente para nada, ese señor con esa barba cerrada, y esos ojos somnolientos, y las pequeñas arrugas, que me bosteza cada mañana y conversa conmigo, me es ajeno y además, se ha ido haciendo soportable porque su perturbadora constancia no da pie a eludirlo.

atodocreyon2.blogspot.com

Obra a creyón de Claudia Chacón

Imposible. Parece una locura, pero no lo es. No me identifico con el señor del espejo. Ni siquiera con las cosas que me dice, le respondo, por cortesía y para llenar silencios incómodos. Por eso ahora cuando alguien me ha reconocido, nombrado y tocado, ha sido tan difícil. Tanto. Todo de pronto se pone pesado, denso.
Como salir del agua, o entrar en ella.
Como respirar profundo en un paisaje exquisito y magnifico.
Como regresar de un largo paseo por el bosque, un paseo de verdad en el que eres bosque, sientes bosque y de pronto se acaba y eres tú y la calle, el límite, el estacionamiento, la gente.
Ese golpe multiplicado por cien. Así fue.
Alguien dice mi nombre que ya no recordaba, que nadie dijo casi nunca.

El apellido que a veces no recuerdo, el número del carnet de identidad, pero el nombre, no, yo no me llamo, no me nombro, soy yo, simple, yo.
Y creo firmemente, que por alguna razón que no alcanzo a encontrar, soy de los pocos que no se ven.
Quiero decir que los demás se ven y se reconocen normalmente, con sus nombres, voces, olores, y otros detalles que seguro tú sabes y das por sentado. Que ya te dije antes, pero necesito que me entiendas.
Al decir mi nombre, quizás entre millones soy el único, creo.
He leído bastantes guías telefónicas nuevas y viejas y en ninguna he encontrado a otro Yelton.
Lo de leer guías, no es nada extraño, se leen guías para encontrar personas, así que yo buscaba a otro yo, que se llamara Yelton, aunque sé que no es otro yo, pero si lo hubiera encontrado, seguro me sentiría como si hubiera otro yo.
Sería entonces más “normal”, con dos, hacer uno visible, nombráble, oíble, ¿entiendes?
Te decía que, oír mí nombre: Yelton.
Escuchar ese sonido:  Yelton, fue como si algo hubiera explotado cerca de mí, pero una explosión realmente fuerte, rápida, dura, sin error, Yelton.

Fue en la barra de un restaurante de comida rápida. Alguien entró se puso en la cola y cuando yo me estaba sentando en la barra, esta persona dijo: Yelton.
Menos mal que había dejado la bandeja para sentarme. No me senté. Congelado, como te dije, hice un enorme esfuerzo por salir de ese estado que me debe haber llevado unos minutos, quizás segundos, pero sentí que el tiempo, todo me caía encima, pesado, lento, cada aguja de mundo se me venía encima, se me clavaban campanadas, calendarios, un retroceso de sonidos e imágenes.
Ya sé, piensas que vi pasar toda mi vida por delante, pero no, no era eso, era el tiempo que se hacía físico, como la clara de huevo que se solidifica, como el agua de lluvia que te golpea en granizo; sólido el tiempo, todo el mío al menos, estaba cayendo sobre mí en cada Yelton.
Alguien me había descubierto, pero fíjate bien que “descubierto” puede llevarte a pensar que yo estaba escondido, agazapado, con nombre falso, huyendo, pero no, es descubierto porque al fin alguien quitaba la capa de invisibilidad que en algún momento había caído sobre mí.
O me había envuelto. Pero no, creo que no era eso.
O se me había metido en la piel.
O alguien por salvarme de algo atroz, me había arropado con aquella invisibilidad.
O por alguna otra razón. Qué puedo saber yo.
No importa.
Hace años, hice una lista que me llevó muchísimo tiempo, de cuales podían ser las razones que habían llevado a la vida a hacerme algo así.
Fíjate que digo “la vida” porque suena mejor que decir, “alguien me hizo” o “me hice”
Decidí echarle la responsabilidad a la vida por lo de la amplitud de la palabra.

La vida, en algún momento, ella, hecha objeto sólido (como el tiempo aquel día) había echado aquella capa sobre mí. Y la vida señora o señor, ella, ahora permitía que se cayera y me dejara a la vista.
Pensé que quizás la capa no resbaló ni cayó, ni mucho menos, era que aquella persona podía verme. Quizás era la única. Y ¿qué hago? ¿Qué se supone que haga ahora?
Las habilidades de los visibles nunca me interesaron, o sí, en algún momento, pero no recordaba bien cómo iba la escena. Como era el guión.
Pero, cuando dejaba la bandeja en la barra, congelado, temblando, el señor del espejo apareció justo delante de mí, justo ante la barra, delante de la bandeja, comía lo mismo que yo, Dios lo bendiga, porque él sabía exactamente qué y cómo hacer lo que correspondía.
Poder dejar en sus manos aquel momento fue glorioso, verlo actuar fue disfrutar una excelente actuación sin dudas, bueno, algunas pausas, algunas lagunas, lo normal, pero no mucho más.
Todo fue descubriéndose, lentamente, suavemente, iba tomando color cada renglón de mi vida, inventada o cierta, eso no lo sé, el señor hablaba y yo asentía, total que más podía darme a mí.
Como desdoblarse. Como si las flores y los árboles de los bosques hubieran estado hacia abajo enterrados, dándole la espalda al sol, pero existiendo al fin y al cabo, esperando ser descubiertos, esperando que “la vida” les quitara su cubierta, su capa, su tapa.
Y así fue.

P.D.

Hoy te lo puedo contar, aunque sé que quizás sabiendo esto, me des por loco, o con alguna tara y decidas alejarte. Normal por otro lado. Esto ha pasado hace poco y como aún estoy disfrutando de esta novedad, pues me pasan cosas como conocerte a ti y contarte esto.
Debiera sentarme ante ti y decírtelo de palabra ¿así se dice?

De viva voz.

Mirándote a los ojos. Quisiera ver qué caras estás poniendo ahora, que sería la que pondrías justo cuando te dijera todo esto.
Pero ¿cómo? La invisibilidad, se ha roto, pero ella es la rota, hecha añicos.
Así veo ahora, desde la distancia, como ella, la invisibilidad, se había apoderado de mí.
Y ahora, aunque ya no sea parte de mí, como la piel o los ojos, permanece como una esencia, como una estela, como la huella.
Un trauma. Eso, como un trauma. Recurrente, ella da vueltas de vez en cuando, me asusta un poco y luego se va. Quizás le hace gracia visitarme, o le hago falta.
Pero no puedo cosificarla, no debo. La dejo atrás, aunque aparezca. La etiqueto de PASADO. La meto en su cajón correspondiente en mi mente. No le permito pasar más allá de la sorpresa y el susto.
Por eso es que ahora, a través de las letras, puedo hacerme visible ante de ti.
Las letras, me permiten hacerme visible, volverme emociones, o temperaturas, o árboles y bosque.
El señor del espejo se burla un poco de que a esta edad he descubierto que con frases escritas y pensamientos puedo ser.
Al fin y al cabo, era algo que probablemente tenía que pasar.

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UN MAR DE PALABRAS DICHAS SIN PRONUNCIAR

Fue como un buceo en aguas profundamente superficiales, densas, con su propio barullo azul.

Había burbujas que advirtiendo el  oxígeno y por lo tanto seguridad,así aunque sumergida, respiras, y callas.
Hasta pude palabrear en flores y circuitos. No sé explicarlo mejor, no hablé, solo palabreaba, eran palabras enredadas en las burbujas y en las ondas azules del liquido que a ratos parecía agua, a veces densa tinta, a veces nubes mojadas. Hasta en un momento estaba tan fría que parecía nieve sucia.

Entrar allí fue una decisión sin pensar. De esas que llaman  impulsivas, como un suicidio de ahora para ya mismo.

Simplemente escuché de la laguna silenciosa y la fui a ver, no entendía que tenía de especial una laguna que no hace ruido, pero Yelton me advirtió que no era eso, era silenciosa,  cuando estás acercándote o sentado en una de las muchas bancas del parque que rodea la laguna, el silencio es un ruido que no puedes dejar de oír.

Los oídos llegan a zumbar de tanto ruido que hace el silencio.

Y uno sabe que es la laguna sin ninguna duda. Porque hay patos y otras aves por ahí que rompen de repente el silencio, lo destrozan más bien, tanto, que saltas con un simple graznido, tanto, que tienes que taparte los oídos para que no te duelan.

Aunque te duelen lo mismo, porque el graznido se mete en los oídos y tapárselos más bien lo mantiene allí adentro.

Autor: Claudia Chacón

Autor: Claudia Chacón

De pronto, cuando iba llegando, el silencio me agarrotó la garganta, empecé a sentir una especie de ahogo, traté de respirar profundo pero no pude, me dolían los pulmones, estaban como apretados de tanto silencio. Me quité la chaqueta y los zapatos, casi sin dejar de caminar hacia la orilla. Tratando de respirar y sin pensar en nada, nada, entré en la laguna que se fue haciendo profunda a cada paso, como cortar gelatina, o taparse con arena.

O entrar en el mar helado, o todo junto.  Ella, la laguna,  te va llevando.

Cuando entré, descubrí que era continua, pero en dimensiones, absolutamente cuánticas.

Estás dentro y la ves desde afuera, pero entré.

Hasta que me tapó el agua y empecé a pensar, y ahí fue que pensé en palabras, algo así como: azul, onda, cortar, suave, morir, silencio, despacio, aire, agua, y entre las palabras hermosas había burbujas azules y blancas que parecían repetir el palabreo, un eco de aguas, un eco de ondas.

No alucinaba, lo sé, escuché algún graznido y tuve plena conciencia del lugar y de mi cuerpo empapado…

No empapado no, hecho uno con la laguna. Cuando salí, después de mucho rato, era de noche. Afuera las farolas daban una luz tenue y tranquila, algún auto pasaba, alguna sirena lejana.

Satisfecha, muy satisfecha de aquel silencio, totalmente hecho laguna.

 

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ENFOQUE

ENFOQUE

El centro.

Quizás la meta.

El punto focal.
El enfoque.
El agujero blanco.
El camino bien trazado y agendado, cada cuadrícula indicando el camino a la siguiente sin temor a la obsesión, ni a la crítica a la perfección.

Ni siquiera a la perfección misma, que es buena ella, es realmente buena, mira si no a una rosa, mira si no a una vaca, mira sino esos ojos.

Perfección.

La perfección durante el viaje.
Sin dudas.
La flecha directa al objetivo, sin distorsión.
Distraída la mente puede ir cuadrando el color allá donde lo quiera, lo requiera, lo necesite, lo desee.

Puedo sentarme en cualquier parte del camino, porque en cada cuadrícula se abre una luz de ventana a aquello que busco en ese exacto instante.

Y me permite distorsionar el pasado hasta dejarlo exactamente dónde va.

Y no hay futuro.  Es tan calma la idea.  Es todo hoy.  Es todo aquí o allá, porque una vez en el enfoque, simplemente es.  Eres.  Es tan deliciosa la idea.

Sentarme o recostarme en sus mullidos puntos, en el entramado que se ve recio y seguro, sutil y perfecto para los sueños, los arrullos, las ideas.

Los intercambios, las ausencias, la noche, el insomnio, la siesta, la lluvia, la luna gorda, la luna delgadísima.

Las nubes de borrego, de jirafa, de elefante.

Puedo descolgarme de cada punto y tejer éste con aquel y aquél  y con el otro y formar una hermosa cortina de cuentos para mis niños, los de siempre.

Los que vendrán.

Y hacer poesía.

Y cantar.

Y tanto más.

Es perfecta.
Es espectacular.
Es para pasarse el día mirándolo e imaginando finales:

Caídas al Finisterre monstruoso.
El cielo de mi padre, luminoso, con fados y tangos.

Y poesía, mucha poesía, en cada punto una buena frase.

Otoños y primaveras.

O el cielo de Mumba, el negrito africano que murió de sed, bañándose en un interminable mar de aguas y dulces de coco hechos por su madre, que lo acompaña en su cielo, donde a cada paso hay lo que ella quiere para su Mumba.

O el temeroso ruin que se ha llevado sueños de alguien, de algunos, por miedo, por ambición, por locura, allá al fondo sabe que le espera el calor de ¿el infierno?

O del “ya se acabó esto” y puedo dejar de ser ruin.  Y ser otra cosa.

Es el final.
Y vamos a tomarnos de las manos e intentemos correr por este pasillo de enfoques y vamos a reírnos del tiempo lineal y de la física cuántica.

Es tanto…

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