LOS CRUJIDOS DE LOS MUEBLES

Los crujidos de los muebles cuando están dormidos son los que a veces me despiertan suavemente.

Ellos crujen, se acomodan, lo hacen quizá para quitarse de encima el polvo y el tiempo.

Porque, eso sí, los muebles viejos crujen.

¿O no?

No lo sé, aquí hay muebles antiguos, pesados y grandes.

Llenos de cajones y puertas.

De espejos

Espejos que han visto gestos, caras, vestidos, cuerpos.

Los crujidos a veces me amenazan, o no; quizás los muebles al crujir remuerden la conciencia, por eso creo que me amenazan. No sé.

Ellos crujen, y en ese momento recuerdo aquello que quiero olvidar y entonces se convierten en una amenaza, aunque sé que ellos no son los que amenazan, pero prefiero pensar que sí, que su crujido me recuerda, y yo pretendo olvidar.

Otras veces ese sonido es dulce y esperanzador; me recuerda que estoy vivo, que puedo escuchar hasta ese pequeño sonido, dice que soy tan especial, que hasta a ellos los escucho, y entonces me lleno de alegría y ese día el gozo es grande; siento que puedo salir de esta oscuridad, de este encierro.

Los crujidos de los muebles dormidos a veces me invitan a vagar en la oscuridad, pasillo y salones quietos, cortinas y alfombras llenas de sombras, perdidos color y forma parece que me siguen de acá para allá.

Voy dejando  huellas en cada paso; es como si me deslastrase del peso de cada día, en cada paso dejo peso, paso, peso, paso, peso.

Y el crujido de ellos va conmigo tocando teclas, ora de aleluya, ora de miedo, ora de remordimiento roedor y severo, ora de alegría y luces.

A veces se llena todo de miedo, puedo jurarlo, a veces no son ni míos, algunos me parecen hasta infantiles, cosas de ogros o de pesadillas, y a pesar de que ni los reconozco me lleno de pavor y no logro sacudírmelos y regresa el peso a cada paso. Paso, peso, paso.

Los crujidos a veces me los tengo que inventar porque la luna llena tiene los ruidos despiertos toda la noche, y  a mí también, pero no hay problema, puedo reproducir en mi corazón cada sonido, y además se lo pongo a éste o aquél, como si cada mueble tuviera su sonido, que yo sé que no, pero me lo invento y entonces el peso cede, y los pensamientos abandonan su intensidad.

No es que tenga insomnio, nada de eso, es que a veces, a fuerza de estar solo, olvido cortinas y puertas, y es de día, y ya dormí y ya soñé, y en el silencio de la casa, los escucho, aun duermen y juego a la noche, sobre todo los domingos que no salgo, y todo está más quieto.

Los crujidos de los muebles cuando duermen son como una clave, a veces como una pista, algo así como la pieza exacta del rompecabezas, o la palabra justa del crucigrama o la respuesta a la pregunta que se quedó colgando ayer entre mi casa y la de ellos.

Los crujidos de los muebles cuando duermen dicen la hora exacta de resolver, de hacer las cosas, hacen algo así como el trabajo de los relojes. Pero más suave, más discreto, no te persiguen como el tic tac, o el tic tic tic,  o las campanas de mentira en las iglesias.

Estoy seguro de que el crujido de los muebles al dormir le gustan más a Dios que las campanadas eléctricas, claro, cuando tiene tiempo para escuchar campanadas.

A veces, cuando los muebles crujen al dormir me pregunto si en realidad la historia de Dios es real, y entonces sucede que los crujidos me recuerdan al niño de mi niñez, al mocoso que todo lo podía.

Ese niño hablaba con Dios en un diálogo constante e intenso.

Pensé en er cura, pensando que Dios me había elegido para trabajar para él, en exclusividad, y hablé con el cura para saber cómo era el asunto, y entonces me dijo que Dios me hablaba porque yo lo conocía, que Dios andaba conmigo, que Dios en definitiva siempre estaba conmigo.

El cura se fue del pueblo. No pude preguntarle más.

En algún momento Dios se me quedó enredado en alguna esquina, en algún problema mío o de otros y ahí se quedó porque cuando hablo y hablo y hablo con Él, nadie responde, nada me dice que Él me escucha.

Cuando los muebles crujen, cuando están dormidos, no importa la hora o el momento siento que no estoy tan solo.

Cualquier otro sonido es ruido, porque ese crujido no es ruido, es como el latido de mi corazón, es una confirmación de que aun escucho más allá de mis oídos, más allá de la pesada realidad que a veces me empequeñece.

Quizás si sigo escuchando el crujir de los muebles al dormir, regrese Dios de su larga ausencia y podamos volver a conversar.

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La calma

Hay palabras redondas, la calma es una.

También las hay cuadradas, difíciles de encajar obvio…

En lo personal las redondas son las que mejor van conmigo, por ejemplo calma, mar, calamar por supuesto…

Son palabras que me producen una sensación de estar entre nubes, descansada, abierta a observar lo que sea que pase… Y las puedo pronunciar, repetir, rehusar, reciclar, sin cansancio, tranquilamente.

Claro que las cuadradas, las difíciles de encajar, obvio, como calcetín, alfombra, pasta, sillón se me hacen especialmente molestas y las evito en la medida que puedo, es fácil es solo cuestión de cambiarlas, buscar sinónimos, tengo un enorme diccionario y si no voy a Google, he sustituido la gran mayoría. Pero no es algo fácil. Para nada.

Luego están las palabras fofas, amorfas totalmente, que no se definen bien y esas realmente las detesto, por ejemplo: flama, universo, terrón, sopa…

Es difícil porque hay muchas más fofas de las que uno cree… Lenteja, acueducto, brisa, bruma… Me producen una especie de rechazo visceral, son algo insoportable. En serio.

Hay algunas que por su forma tipo estrella o erizo me hacen plantearme la posibilidad de ni siquiera sustituirlas, solo dejar ese espacio en blanco, pero resulta mala idea porque el texto no se entiende del todo, por ejemplo:

La salió esta mañana y la puerta entre cerrada para evitar que pasarán no funcionó y hubo que cerrarla…

¿Vieron?

Y si es en una conversación es más complicado.

Creo que en definitiva tendré que quedarme callada o hacer como los obsesivos compulsivos que que evitan las rayas del piso, y los manteles de cuadros…

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Principio y Fin

Foto de📸: @oranmordaunt

Siempre hay un principio y un final.

Siempre. En todo. Nada escapa al ciclo. Por eso importa más el cómo llegas que llegar.

¿Qué camino elegiste, estuvo bien, fue un buen camino, complicado, difícil, sorprendente, horrible?

El camino es lo que interesa. La llegada está vacía… Piensa en tus logros, en esa llegada a la meta, la graduación, el título, la boda…

Cada suceso fue un camino que emprendiste con más o menos conciencia.

De cada camino y cada meta, cada final te llevo a ser más, más sabio quizás, más precavido, menos confiado, más susceptible, más alegre… Tantas opciones entre el principio y el fin.

Por eso el camino importa tanto. Cada detalle cuenta, así que de vez en cuando para, mira, respira y luego sigue…

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Volando con Mariposas. post cuarentena

No me veo muy alegre porque conozco la corta vida de las mariposas, pero igual logré elevarme con mi vestido largo y el moño que me hizo Xirtis, lo hizo virtual, como un tutorial, de lejos, algo así como que concentró sus manos en las mías y listo el moño.

La imagen tiene un atributo ALT vacío; su nombre de archivo es volando-con-mariposas.jpg

El hermoso vestido debía ser dorado porque lo usaría en el día nublado, casi lloviendo, de esta primavera tardía, el dorado destaca delante de las nubes, y parecería sol, o no, pero el azul parece luna, sirve igual…

Para que fuera dorado deberían haberlo hecho las arañas del centro, pero estaban ocupadas o escondidas por la pandemia, así que tuve que buscar arañas nuevas monocromáticas porque las multicolor estaban molestas por los colores de las mariposas y no entiendo bien porque, ellas ni siquiera hablan el mismo idioma, las arañas susurran todo el tiempo y las mariposas son tan despistadas que olvidan hablar. O quizás no lo olvidan sino que por volar no hablan, y ¿para qué hablarían? Con solo volar ya cuentan historias y si no díganmelo a mí, pasé dos horas volando con ellas, dos largas horas porque íbamos muy despacio y ellas querían hacer ver que no les costaba llevarme, así como si yo fuera etérea, insustancial, hasta volátil.

Y hacia tanto que no salía, tanto, que poder vestirme regia con moño y perfume de violetas ha sido muy divertido y claro poder volar con mariposas es como una gran cucharada de helado de chocolate, del oscuro, sin cerezas.

Era de madrugada así que casi nadie me vio, lástima, quizás hasta me hubieran aplaudido, o los niños con sus cometas se habrían quedado enganchados y nos habríamos, pero había que aprovechar las corrientes del norte ahora que he aprendido a manejar la brújula de mi teléfono, porque en estos días metida en la crisálida de mi mente he dedicado tiempo a aprender cosas útiles en caso de naufragio, tipo: La Brújula uso y manejo de Latitudes y Longitudes”, o el manejo de espejos reflejantes de pantallas reflejantes (esto fue difícil de entender) aún no se para que servirá, pero estaba en el pensum de Historias de las Monarquías y quería el diplomado para colgarlo en la pared azul del estudio de Samuel, se verá bien, es un diploma bonito, recargado con oropeles y filigranas doradas, sellos y firmas, muy de acuerdo a las monarquías y más de acuerdo aun con sus historias, además de que fue un diplomado diverso y anverso con algunos giros inesperados, giros que reclamé a los directores del diplomado porque algunos profesores se salían de contexto con excusas muy banales del tipo: “es que hoy no comí brócoli”, o “mi hija pequeña vomitó”  y no es que yo no sea compasiva o que no entienda los problemas digestivos de los profes, yo comprendo, pero que  cambien el temario abruptamente es desagradable, aunque, la verdad también tenía su gracia la cosa porque esto de las mariposas lo saqué de uno de esos giros cuando el profe de “Coronas falsas y Cetros” Monarquía 101 se puso a contar la historia del vuelo con mariposas infortunado para una extraña reina normanda que se llamaba Furliria  y que intentó este vuelo con cetro y corona y… y se cayó y parece que desde entonces ya no fue la misma.

La imagen me la envió un señor que no conozco, y que según entendí al leer su correo, es fotógrafo ambulante, pensaba yo que todos eran ambulantes pero parece que no, este me explicó que los ambulantes no son como los que andan con el teléfono todo el tiempo sacando fotos, el deambula, literalmente escribió: “soy diferente, yo deambulo pero no para sacar fotos sino más bien para encontrarme con ellas, con las fotos” entre otras explicaciones y excusas por el robo de imagen y cosas asi…

En fin le di las gracias y sigo pensando ¿como supo mi correo…?

Y no hay mucho mas que contar, obvio que bajé en cierto punto y hora, regresé a la crisálida convencida de que el dorado del vestido habría lucido más y que debo revisar mis conocimientos sobre la brújula porque creo que de día, quizás también pueda medir el Norte y salir con alguna buena corriente de aire y sol para que las mariposas realmente se luzcan y las cometas se enganchen en mi moño, los niños se rían y las personas aplaudan sorprendidas y alegres, porque ver algo así, no es cualquier cosa, y espero que en eso estemos de acuerdo todos. Gracias por leerme.

PD Si salimos de día creo que las arañas estarán de acuerdo en que el vestido debe ser azul oscuro, al menos las del centro. veremos…

Por si les interesa su correo es: volcanicus.imaginus@gmail.com

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UN HOMBRE QUIETO EN LA VENTANA

Un hombre quieto junto a la ventana, mira hacía mi pero no me ve.
Estático y de pie hace más de dos horas que está ahí.
Al principio lo veía claramente, era de día.
Ahora anochece y solo sé, que está ahí, porque ha quedado fijo en mi retina.

Cuando se encienden las farolas de la calle dejo de verlo y comienza a borrarse su silueta en mi retina.
Se convierte en sombra de recuerdo y entonces comienzo a pensar en qué puede hacer una persona, dos horas o quizás más de pie, delante de una ventana, mirando la calle.

He tomado tres cafés, he fumado varios cigarros esperando que pase algo más, pero no sé qué espero realmente.
Sin embargo no he podido moverme del sitio.
Como si descubrir al hombre quieto de la ventana hubiera sido algo mágico, o dramático o incomprensible.
Pero no ha sido nada de eso. Simplemente levanté la vista cuando acaba de sentarme y vi al hombre.
Y me pareció que miraba hacia mí (que no es seguro) está a bastante distancia como para detallar tanto, pero eso parecía.

Tenía las manos en los bolsillos.
Y eso, lo de las manos en los bolsillos tampoco tiene nada de dramático, pero, quieto y con las manos en los bolsillos es cuando menos, interesante.
Esta tan quieto, y siento en su mirada como una especie de curiosidad.

Eso lo estoy inventando porque ya lo he dicho, está bastante lejos, pero es lo que siento cuando miro y lo veo. 

También puede sentir un odio profundo, un odio nuevo, recién descubierto, ha quedado congelado en el momento de la aparición del odio. 

Nunca he sentido odio, o si lo he sentido habrá sido poco rato, o era rabia, pero para estarse así de quieto tanto tiempo en la ventana tiene que haber algo que salga de lo normal. Por eso pienso en odio, no lo conozco, es anormal para mí, es bueno para que encaje con este hombre quieto.

Es más, para que yo levantara la vista y lo viera ahí, en la ventana por fuerza él tiene que haber tenido una mirada profunda o ¿sigo inventado?  tanto, que me obligó a mirarlo.
Eso creo.

Se va haciendo de noche, prenden las farolas, ya no lo veo.

Pero creo que lo siento.

toda idea engendra Claudia Chacón

Comienzo a tener temblores en las manos de tanto café.
Y además ya tengo hambre. Pero aun creo que no debo levantarme, él podría prender la luz y automáticamente lo volvería a ver.
Pero la luz está apagada.
Quizás ya ni esté.

Debería quedarme y esperar un rato más, total, ya llevo aquí bastante tiempo.
Pido la carta y me decido por un bocadillo de atún con mayonesa y un vaso de leche, además de una ración de papas fritas.
Listo, espero mi comida, se van prendiendo las luces de otras ventanas pero la del hombre no, o creo que no, ahora no estoy segura de que se haya ido de la ventana, que haya prendido la luz y ahora me confundo y ya no está.


Pero, de pronto pienso que quizás haya salido, bajado, y esté por aquí cerca, mirándome. ¿Por qué lo haría?

Que estupidez estoy pensando.

¿Quién hace semejante cosa?

No es conmigo su odio. Bueno si es que es odio, podría ser amor, totalmente perdido por el amor. Avasallado por un amor que lo ha tomado por sorpresa y llega a su casa y ha dejado a su amada y ahora se queda totalmente quieto para revivir cada segundo con ella, cada beso, no quiere perderse ni un recuerdo, nada, decide quedarse muy quieto y en realidad no ve nada, no mira nada, no oye nada, no escucha nada, solo se queda ahí quieto en la ventana en una tormenta de recuerdos que lo hacen vivir un torbellino interno nuevo y delicioso. ¿Para qué se movería? Para nada, quiere quedarse tal cual. Y puede que sin verme, me mira porque soy casi lo único humano, casi tan quieto como él, pero en una mesa, con un café y pequeñas levantadas de cabeza y mirada para observarlo.

Ahora si mira hacia aquí, como en todo este rato me ha parecido que hacía, ya dije, sin ver, me ve claramente, aquí está la luz del local, brillando en la calle, me debe ver claramente.  

Traen mi comida.
Mientras como se me olvida completamente el hombre quieto de la ventana.
Pero totalmente. Tanto que cuando me acuerdo de golpe y me atraganto, toso y casi me ahogo.

Qué susto.
Levanto la vista. No lo veo. Pero no tengo dudas de que su ventana esté apagada

contigo,toda idea engendra. Claudia Chacon. atodocreyonblogspot2.com

Ahora si estoy convencida de que ha bajado y hasta puede estar en este local.
En todo este tiempo ha entrado y salido un montón de gente.
Miro y detallo a todos. Ninguno tiene las manos en los bolsillos.
Claro, que estupidez (otra más), si viene a sentarse es difícil tener las manos en los bolsillos, pero aunque crea que es estúpido busco a alguien estático, con las manos en los bolsillos.
Pero no, ninguno.
Estoy casi segura de que aquí no está, debe seguir arriba, se habrá cansado de estar de pie y ahora descansa, o come, o habla por teléfono, o ve televisión.

Pero no puedo dejarlo ir así, sin más, con odio o amor, o puede que con pena, profunda pena por una pérdida, un descubrimiento doloroso, alguien te llama y te da una de esas noticias que no pasan del oído, se quedan ahí dando vueltas, la cabeza se vacía de golpe, y no piensas. Te quedas “de una pieza” nada se dobla, todo pierde su flexibilidad, músculos y nervios se paralizan y quedan absolutamente estáticos siguiendo al cerebro vacío de ideas. 

Eso ha debido ser; pero usando este tiempo verbal no me queda más remedio que seguir esperando que algo pase porque no tengo certeza, ninguna, porque ese hombre quieto en la ventana debe estar viviendo sin duda una situación extrema, culminante, pico, álgida, emocionante y más, muchos sinónimos más, todos los sinónimos le calzan, todos se amoldan a él y eso es lo que no me deja moverme, aquí estoy pegada a la silla, esperando que se prenda la luz, o que llegue la mañana otra vez, lo que sea que me demuestre que este hombre quieto en la ventana sigue ahí viviendo en ese estado. Haciéndome vivir, pensando que no me ve, pero me mira.

Al fin, cuando ya decido que debo irme y soltar estas horas sin sentido, se prende una luz, se ilumina la ventana, no está él, pero ahí está. Ha superado el momento, ha vuelto a pensar, ha dejado de sentir terriblemente, profundamente.

Ahora seguramente tomará de nuevo el ritmo de su vida, ha salido de su parálisis, quizás no sanará pronto, quizás seguirá emocionado, odiando, amando, no lo sé.

No lo voy a saber nunca, me voy, lo dejo, me cuesta un mundo apartar la vista de esa ventana, sé que detrás esta él, con su vida, con sus dudas, pero yo sé que mientras estuvo quieto en esa ventana su vida estuvo absolutamente llena, rebosante, desbordada y yo estuve con él.   

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TEJO NANAS SIN POESÍA

I

Cuando tejo, mi hijo dice que hago un sonido que lo duerme.
Entonces descubro que cuando alguien teje, al mismo tiempo hace nanas.
Por eso tejen las abuelas.
Las de antes.
Porque a ellas, siempre se les iba un hijo, y tejiendo, hacían nanas que volando llevaran buen sueño a sus hijos.

Sin saberlo claro, ellas no sabían, ellas añoraban y lloraban entre puntos y pasadas

Y ahora que no tejo, y soy abuela, mi hijo también se me fue.


Mi padre, siempre cuenta, que su madre le contaba las mejores historias mientras él la ayudaba a hacer madejas, y me las contó casi todas. Ahora son mías.
Él las tenía en su memoria punto por punto y las cuidaba con ternura.
Conocía cada entramado y conocía cada final, cada vuelta y punto…
Vio la trama surgir y escuchó las nanas de su mama.
Él (creo yo) no sabía que son nanas, pero sonríe, niño-anciano, por eso yo sé.
Y por esas historias y madejas mi padre es poeta.

II

Mientras escribo, suena Adele en las cornetas, y aunque no la escuche, la oigo como una envoltura, una especie de transparencia que se mueve con el aire y va por las ventanas y mueve las cortinas.
Ella anda en lo suyo, y yo escribo sobre las nanas que hace el tejido, ella tejió con notas y alma lo que ahora suena, y lo hizo sabiendo lo que estaba haciendo.

Como el tejedor: él sabe lo que está tejiendo, y como va a terminar su obra.
El que lo mira no.

El tejedor une puntos y nudos y compone a su ritmo una nana.
Única.

Adele canta lo que tejió y se entreteje con la trama del tejido de mis palabras.
Todo se está uniendo, es como hacer de Bach. De partitura, de piano.

III

Voy sacando palabras y las anudo y enlazo, las tejo mientras Adele va cantando y tejiendo con la guitarra con su voz y sus hilos y uniéndose a la aguja de mi tejido.
Hacemos nanas para el niño hombre que vuelve aunque se vaya.
Eso no lo sabían mis abuelas. Ellas tejían sin Adele, y sin hijo, como yo ahora que tampoco sé pero creo que si…

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MENSAJE EN UNA BOTELLA

Querida, queridísima Tere:

Si este mensaje llegó a tus manos, ya sabes que cuando me fui, estaba vivo y en plenas capacidades, aunque tú lo dudes. Te dejé, me robé el velero de tu hermano y claro, ya sabes que vacié la cuenta para “el futuro”

Me fui solo, dudo que sea por mucho tiempo.

Deseo que se te pasen pronto las “emociones encontradas” nuevas que mi huida, te debe haber provocado.

Brindo por ti, chin, chin, querida Teresa.

Eso ponía en la carta que encontró Manuel en la playa, pero él no lo sabía.

Yo tampoco sabía mucho de la carta o de la botella en la que venía, pero como veo que tienes curiosidad por esta historia, pues me he puesto a preguntar por aquí y por allá, como un ejercicio de investigación.

Como no soy muy ordenada he ido escribiendo lo que me han ido contando.

A saber que es cierto y que no.

Tómalo con pinzas, porque ya se sabe, que cuando en los pueblos suceden estas cosas inusuales, rápidamente las lenguas y las mentes se lían en tejer palabras que adornen y detallen. Es como un concurso, algo así como:

A ver quién cuenta la historia de la manera más preciosa.
Al final lo que importa es pasárselo bien.
O, como en tu caso, saciar la curiosidad.

Autor: Claudia Chacón
mensaje en una botella de Claudia Chacon en atodocreyonblogspot2.com

Tere. Estoy recolectando verdades y chismes, pero puedo adelantarte que cuando le dieron la botella, que estaba bastante estropeada, aun se leía su nombre y apellido. El que se la entregó, emocionado, claro, por todo lo que significa haberse tropezado con una botella del Moët, lacrada, imagínate, ¡lacrada¡ y con una etiqueta desvaída, en la que aún se podía leer:

Para Teresita Aizpurúa Méndez, mi amada esposa.

Su dirección…

Quien encontró la botella, un muchacho, sintió que aquello tenía todos los síntomas de romance, libro, películas, canciones, todo.

Tuvo casi, casi, la tentación de limpiarla, buen no, más bien frotarla, ya sabes, el genio, los tres deseos.

Pero decidió que prefería entregarla en persona a la tal Teresita, que aquello tenía que ser una verdadera historia de esas que no le pasan a todo el mundo.

Hasta evitó comentarlo. Era un secreto entre el escritor de aquel papelito que se veía adentro y él, pero claro cuando regresó de la playa ya estaba todo el mundo despierto y él iba por ahí con una botella roñosa de champaña, y había que preguntarle que para qué la quería, y al final, todos supieron de la botella.

Solamente una persona recordaba a una tal Tere que había pasado unas vacaciones en la villa, una joven seria y pálida que paseaba y leía libros, y que a veces andaba con un muchacho rubio que era todo sonrisas y que le caía bien a todo el mundo, pero nunca le sacaron nada personal, solo sonreía, saludaba y paseaba.

A pesar de la poca información sobre Teresita o Tere, nuestro muchacho decidió ir hasta la dirección que había en la botella, a pesar de que quedaba casi a tres días de camino.

En fin, llegó a la dirección.

Tocó el timbre, que no se oyó. Así que lo tocó otra vez. Ladridos. Malo eso. Los perros siempre interrumpen.

Se abre la puerta, y lo miran mal, él le dice que viene a traerle una botella a Teresita.

Y bueno, parece que empezar por decir lo de la botella fue un mal principio.

La muchacha que le abrió dijo que esperara y le cerró la puerta.

Se volvió a abrir: soy Tere. ¿Quién eres tú? ¿Por qué has preguntado por Teresita?

Ni buenos días, ni emoción. Aquella mujer era aburrida, no era fea, no, era aburrida.

Monocromática.

Decidió no contestarle nada, estaba decepcionado. El esperaba otra cosa

¿Qué esperaba?

Qué se yo, pero no esta mujer. ¿Cómo va a recibir algo así, alguien así?

Pero, en fin, él había venido hasta aquí a entregar la botella, lo demás era parte de su imaginación y ya se sabe que la imaginación es tan exagerada.

Así que sacó con mucho cuidado la botella de la bolsa en la que la llevaba y se la dio diciéndole:

Buenos días, soy Manuel, la llamo Teresita, porque así pone en esta etiqueta de esta botella que estaba en la playa, no la he abierto, y he recorrido un camino tres días, casi sin parar para traérsela ¿sabe?

Pero a Tere parece que le dio asco el asunto, así que el muchacho, estaba totalmente decepcionado. Le repitió que era para ella. Estuvo tentado de marcharse con la botella, al fin y al cabo, la tal Teresita no tenía interés en la botella y él si quería abrirla

Él le dijo que ella debía tomar la botella y por último si no la quería decírselo a él abiertamente.

Tere lo miró, con una cara de realmente no entender por qué ella debía tomar semejante decisión.

Así que ya sabemos que él la mandó. Así que al menos salió vivo de aquí.

Ya tenemos algo más.

Pero ¿esta mujer no tiene curiosidad? esta mujer desapasionada o tonta ¿no piensa abrir la botella?

Y ¿por qué se toma tantas molestias alguien por una mujer así?

Mandar al mar una botella con un mensaje es algo original, pero que además te llegue a tus manos es magia, pura magia.

Disculpe señora pero no sé cómo hace para no arrancarme la botella de las manos y abrirla. Ni siquiera sé cómo he hecho yo, para no abrirla.

Tere lo miró, pero creo que no lo veía.

Lleva perdido más de dos años. Se llevó una cuenta de ahorros de los dos y dejó aquí absolutamente todas sus cosas. Toda su vida. Toda, toda.

Decía cada palabra con desazón, con verdadero dolor, él había dejado toda su vida atrás, principalmente a ella.

Se fue, sin más, imagínese usted, un día se levanta y en la cama no está su esposo, ni en el baño, ni en el patio.

Está el carro.

Las llaves. La cartera. El teléfono. Toda su ropa, el cepillo de dientes. Todo.

¿Imagíneselo por favor?

La dejan a una y le dejan todo. ¿Cómo saber que no está por ahí muerto?

Hasta los zapatos dejó.

Se fue en zapatillas, las de ir por la casa.

Y como se fue sin zapatos, estúpida de mí, por mucho tiempo pensé:

No Tere no se ha muerto. Mire usted si esto no es una estupidez, pero era ver los zapatos y sentir que estaba vivo…

Todo, lo dejó todo.

Claro que pronto me llegó un mensaje al teléfono con el retiro de la cuenta, secuestro pensé, pero no, tampoco, porque ¿de dónde lo iban a secuestrar? Iba sin zapatos, en pijama, ¿de la casa? No, siempre dormíamos juntos.

Desayunó, en serio, preparó café, me dejó, como siempre, la mesa puesta para el desayuno. Y el diario al lado. Y se fue y dejó todo.

¿Entonces? ¿Abro la botella? ¿Me dirá que está perdido, secuestrado por piratas?

Quizás se lo llevaron con el velero de mi hermano que desapareció en esos días.

Entonces estará sufriendo, y ¿qué puedo hacer?

El muchacho menos decepcionado y más misericordioso pregunto:

Y la policía ¿no la ha llamado?

Fui, pero no me hicieron mucho caso.

No me hacen caso en general. Nadie.  Me dicen que se habrá ido, como tantos otros esposos, y me miran con la misma cara que tú.

¿Yo?

Me sentí mal por haberla pensado monocromática, aburrida.

Entonces ahora aparece usted, con una botella, con su letra en la etiqueta y quiere que me la quede.

¿Qué hago? ¿La pongo entre sus cosas?

¿Aún las guarda?

¿Por qué no? Tiene todos sus zapatos.

Entonces, dígame, ¿qué hago con la botella?

¿Se imagina que la abro y se ha ido? y lo dice.

O sea: Teresita, me fui.

O, Teresita, me harté de tus emociones encontradas y tus pensamientos brumosos.

O, hasta nunca, ya no te amo, se me acabo la provisión de amor. Voy a ver dónde encuentro más y cuando la tenga quizás regrese.

O peor, podría decir, fuiste lo mejor, pero ahora amo a otra.

No, eso no lo diría así, no, él usaría otras palabras, como: te he querido desde siempre y por este amor, he vaciado la cuenta del futuro, para esperarte allá, dentro de unos años.

Y está por ahí, en nuestro futuro, esperándome.

Entonces debe abrir la botella, quizás le envíe la dirección de dónde está.

No, esa botella solo lleva una dirección la mía. Fíjese que después de este tiempo sabe que estoy aquí. Sabe que no me he movido ¿que no lo espero? ¿Para qué más direcciones?

Eso no lo sabe nadie.

Se le perdió la vista en el infinito y ella misma se contestó

¿O sí?

Se quedó pensativa.

Miró nuevamente al muchacho, le dio las gracias y le cerró a puerta.

Dibujo a creyón de Claudia Chacón.

Visítala en: atodocreyon2.blogspot.com

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LA SORPRESA DE LA SOLEDAD DE LOS MOMENTOS PARALIZADOS

LA SORPRESA DE LA SOLEDAD DE LOS MOMENTOS PARALIZADOS

 

 

Y de pronto de adentro, del fondo salen todos los momentos paralizados, tapados, no vividos, entregados, comprometidos, todos estaban ahí, como si realmente fueran míos para vivirlos, aunque yo misma lo impidiera.
Destemplados se presentan porque ahora hay tiempo y espacio.
Cuántos años guardando y arrinconando.
De pronto descubro que solo tengo lo poco que necesito para mi.
No hay más.
Y descubro que el vacío no solo viene de la profunda meditación, no, también viene cuando cruzas el límite entre la razón y la locura y te salvas.
Gracias a las manos que me abrazan y me cuidan, y a los corazones que no entienden pero atienden.

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EL DISCRETO ENCANTO DE UN ESCONDITE QUE AMANECE ENAMORADO

EL DISCRETO ENCANTO DE UN ESCONDITE QUE AMANECE ENAMORADO

Ahí estaba él, como siempre puntual, regio, completo, magnífico.

De hecho no hubo sorpresa, siempre llega, siempre.

Y a pesar de su rutinaria presencia, de su encanto repetido y hasta antiguo, aún mueve mi sangre y me acelera el pulso.

Y entonces por buscar romper lo de siempre me escondí y observé.

Me daba risa, estar ahí agachada, con pequeñas lagartijas, hormigas, pelícanos, pero pudo más la intriga, ¿vendrá aunque no me vea?

¿vendrá magnífico como siempre, o habrá perdido brillo al no tener mis ojos para encandilar?

 

Nerviosa, quieta, silenciosa y expectante aquí estoy y entonces compruebo que no es él, que soy yo, bueno no yo, que son mis ojos, que es mi sangre que es eso que el sembró en mi, su encanto antiguo, su rutinaria y preciosa presencia.

 

Y aquí sigo escondida, asombrada, enamorada, sin perderme ni un rasgo, ni un movimiento, acompañada por el ruido del mar que nunca se calla, que me permite suspirar sin que él se entere, solo el pelicano observa, de lejos.

 

FOTO: JOSE MILLAN @josemillan

 

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TEJIENDO VACIOS

Tomo el hilo de mi tiempo y reviso lo tejido, tengo las manos vacías.

Descubro que no tengo nada que pueda exponer que sea verdaderamente mío, todo lo que veo aquí dentro y lo que está fuera tiene toques, trazos, sombras, atisbos que pueden tener mi esencia.

Y estoy bien con eso.

Si tuviera que hacer el equipaje justo ahora que reviso y actualizo, me bastaría una sonrisa, que tampoco es mía, pero esa me llevaría, esa me abriría las puertas porque aunque estoy  segura de que tengo las manos vacías, esa sonrisa y las sonrisas de esa sonrisa me bastarían para hacerle un espacio a la esencia que he sido allí donde uno llega cuando se va.

Imagen de atodocreyon2blogspot.com de Claudia Chacón

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