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ENCUENTRO

A pesar de no querer saber más de ti, cuanto mas me alejo más te encuentro.
He ido lejos, atravesado caminos, y marcado troncos, para no equivocarme y regresar por donde vengo.
Pero parece que nuestro amor tiene vectores y algoritmos que no puedo borrar o cambiar y aquí estoy de regreso.
Ya sé que no me crees.
Ya sé que no confías.
Pero es cierto y por eso, ni siquiera voy a tratar de que veas conmigo lo imposible del desencuentro.
He mirado formas y colores diferentes y hasta nuevos olores que me han gustado más que el tuyo, definitivamente me han gustado más.
He comido lo que no me gusta para cambiar mi paladar que tercamente, al principio, se negaba, y ahora, mírame comiendo coliflor contigo y tu mirándome con sorna y hasta con ironía.
dos especies nuevas en tu receta: sorna e ironía.
Y ni siquiera esos dos nuevo sabores tuyos han logrado el milagro, fíjate que lo llamo milagro, de separarnos.

¿es único el verso del universo

¿es único el verso del Universo? Dibujo a Creyón de Claudia Chacón

En   un inmenso mar de flores en Irlanda, muerto de frío y completamente solo, te pensé durante mucho rato, tanto, que se vino la noche helada y entonces me di cuenta de que pensarte, solo pensarte, ya me llevaba a tu encuentro.

Ya no estaba el mar de flores, y la helada eran rescoldos del  prado Irlandés, así de un solo golpe estaba dando la vuelta entre Urquija y Campoamor y tu estabas bajando del auto, primero un tacón, luego el pie, y después toda tu.

En serio, para volverse loco, o ya vuelto loco, no lo sé. Cómo saber si ya estoy loco ahora, o me volví loco cuando te fuiste o te dejé. Ni de eso me acuerdo.

Pero ahí estás, aqui estamos, yo tratando de explicarte lo que pasa, que ni es raro, ni complicado, solo pasa, me pasa a mi contigo. Porque te juro, que el resto de mi vida anda mas o menos igual, normal.

O quizás un poco marrón. un poco descolorido, pero solo quizás.

Lo que es seguro es que te encuentro, y eso me dice que es amor de ese de los versos, de ese que se puede llevar en cohetes a los marcianos, lejos, al centro del universo y hasta ellos sabrían que es amor, si no, ¿Dime tu, cómo es que te encuentro cuanto más me alejo ah?

 

 

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DESCUBIERTO

Nunca pensé, ni siquiera una sola vez, y tengo buena memoria, que alguien iba a saber de mí.
¿Por qué alguien se fijaría en mí? Nunca fui visible, o quizás lo fui pero de una manera irreal, aunque era obvio que yo ocupaba espacios, y cuando abría o cerraba las puertas se sabía que alguien había entrado, pero no yo, no, solo alguien.

Es como cuando te sientas a comer en un restaurante, eres uno que come, uno que pide esto y aquello como todos los demás. Uno más que come, sentado en una silla, ocupando un espacio y respirando el mismo aire que el de aquí o de allá, lo ordinario.

Algunos ocupan espacios y tiempos y tienen un nombre que le suena a muchas personas o a pocas, pero suena, no es solo que ocupe un espacio, no, es más que eso, es un nombre que suena en los oídos de alguien y rápidamente ese nombre toma forma, olor, color, y puede que hasta sabor.

No sé si llego a explicarme.

Pero es tan sencillo cuando solo ocupas espacio.

Tratemos de hablar de los cinco sentidos, quizás así sea más sencillo, puedo mirarte pero no verte. Puedo oírte pero jamás escucharte. Tu olor es normal, aunque usaras un perfume, serías el olor al perfume. ¿Entiendes? O hueles y eso es mal olor. Te recordarían por eso. Yo no huelo.
Hay sonido, voces que puedes reconocer sea como sea. Sabes quién es, casi en segundos. Hasta en una gran aglomeración si gritara, sabrías quién es.
Por eso cuando alguien me descubrió, me congelé, toda la sangre de mi cuerpo se quedó paralizada por segundos eternos, mi cara totalmente pálida, y un ligero temblor desde la cabeza hasta el coxis, que me hizo sacudirme sin ningún control.
Creo que por unos minutos perdí totalmente la noción de mí mismo. Como si hubiera dejado de ser yo y alguien se hubiera apoderado de mí.
Descubierto por una fortuita casualidad entre un billón de posibilidades.

Yo mismo cuando me afeito en el espejo cada mañana me desconozco, no me reconozco, absolutamente para nada, ese señor con esa barba cerrada, y esos ojos somnolientos, y las pequeñas arrugas, que me bosteza cada mañana y conversa conmigo, me es ajeno y además, se ha ido haciendo soportable porque su perturbadora constancia no da pie a eludirlo.

atodocreyon2.blogspot.com

Obra a creyón de Claudia Chacón

Imposible. Parece una locura, pero no lo es. No me identifico con el señor del espejo. Ni siquiera con las cosas que me dice, le respondo, por cortesía y para llenar silencios incómodos. Por eso ahora cuando alguien me ha reconocido, nombrado y tocado, ha sido tan difícil. Tanto. Todo de pronto se pone pesado, denso.
Como salir del agua, o entrar en ella.
Como respirar profundo en un paisaje exquisito y magnifico.
Como regresar de un largo paseo por el bosque, un paseo de verdad en el que eres bosque, sientes bosque y de pronto se acaba y eres tú y la calle, el límite, el estacionamiento, la gente.
Ese golpe multiplicado por cien. Así fue.
Alguien dice mi nombre que ya no recordaba, que nadie dijo casi nunca.

El apellido que a veces no recuerdo, el número del carnet de identidad, pero el nombre, no, yo no me llamo, no me nombro, soy yo, simple, yo.
Y creo firmemente, que por alguna razón que no alcanzo a encontrar, soy de los pocos que no se ven.
Quiero decir que los demás se ven y se reconocen normalmente, con sus nombres, voces, olores, y otros detalles que seguro tú sabes y das por sentado. Que ya te dije antes, pero necesito que me entiendas.
Al decir mi nombre, quizás entre millones soy el único, creo.
He leído bastantes guías telefónicas nuevas y viejas y en ninguna he encontrado a otro Yelton.
Lo de leer guías, no es nada extraño, se leen guías para encontrar personas, así que yo buscaba a otro yo, que se llamara Yelton, aunque sé que no es otro yo, pero si lo hubiera encontrado, seguro me sentiría como si hubiera otro yo.
Sería entonces más “normal”, con dos, hacer uno visible, nombráble, oíble, ¿entiendes?
Te decía que, oír mí nombre: Yelton.
Escuchar ese sonido:  Yelton, fue como si algo hubiera explotado cerca de mí, pero una explosión realmente fuerte, rápida, dura, sin error, Yelton.

Fue en la barra de un restaurante de comida rápida. Alguien entró se puso en la cola y cuando yo me estaba sentando en la barra, esta persona dijo: Yelton.
Menos mal que había dejado la bandeja para sentarme. No me senté. Congelado, como te dije, hice un enorme esfuerzo por salir de ese estado que me debe haber llevado unos minutos, quizás segundos, pero sentí que el tiempo, todo me caía encima, pesado, lento, cada aguja de mundo se me venía encima, se me clavaban campanadas, calendarios, un retroceso de sonidos e imágenes.
Ya sé, piensas que vi pasar toda mi vida por delante, pero no, no era eso, era el tiempo que se hacía físico, como la clara de huevo que se solidifica, como el agua de lluvia que te golpea en granizo; sólido el tiempo, todo el mío al menos, estaba cayendo sobre mí en cada Yelton.
Alguien me había descubierto, pero fíjate bien que “descubierto” puede llevarte a pensar que yo estaba escondido, agazapado, con nombre falso, huyendo, pero no, es descubierto porque al fin alguien quitaba la capa de invisibilidad que en algún momento había caído sobre mí.
O me había envuelto. Pero no, creo que no era eso.
O se me había metido en la piel.
O alguien por salvarme de algo atroz, me había arropado con aquella invisibilidad.
O por alguna otra razón. Qué puedo saber yo.
No importa.
Hace años, hice una lista que me llevó muchísimo tiempo, de cuales podían ser las razones que habían llevado a la vida a hacerme algo así.
Fíjate que digo “la vida” porque suena mejor que decir, “alguien me hizo” o “me hice”
Decidí echarle la responsabilidad a la vida por lo de la amplitud de la palabra.

La vida, en algún momento, ella, hecha objeto sólido (como el tiempo aquel día) había echado aquella capa sobre mí. Y la vida señora o señor, ella, ahora permitía que se cayera y me dejara a la vista.
Pensé que quizás la capa no resbaló ni cayó, ni mucho menos, era que aquella persona podía verme. Quizás era la única. Y ¿qué hago? ¿Qué se supone que haga ahora?
Las habilidades de los visibles nunca me interesaron, o sí, en algún momento, pero no recordaba bien cómo iba la escena. Como era el guión.
Pero, cuando dejaba la bandeja en la barra, congelado, temblando, el señor del espejo apareció justo delante de mí, justo ante la barra, delante de la bandeja, comía lo mismo que yo, Dios lo bendiga, porque él sabía exactamente qué y cómo hacer lo que correspondía.
Poder dejar en sus manos aquel momento fue glorioso, verlo actuar fue disfrutar una excelente actuación sin dudas, bueno, algunas pausas, algunas lagunas, lo normal, pero no mucho más.
Todo fue descubriéndose, lentamente, suavemente, iba tomando color cada renglón de mi vida, inventada o cierta, eso no lo sé, el señor hablaba y yo asentía, total que más podía darme a mí.
Como desdoblarse. Como si las flores y los árboles de los bosques hubieran estado hacia abajo enterrados, dándole la espalda al sol, pero existiendo al fin y al cabo, esperando ser descubiertos, esperando que “la vida” les quitara su cubierta, su capa, su tapa.
Y así fue.

P.D.

Hoy te lo puedo contar, aunque sé que quizás sabiendo esto, me des por loco, o con alguna tara y decidas alejarte. Normal por otro lado. Esto ha pasado hace poco y como aún estoy disfrutando de esta novedad, pues me pasan cosas como conocerte a ti y contarte esto.
Debiera sentarme ante ti y decírtelo de palabra ¿así se dice?

De viva voz.

Mirándote a los ojos. Quisiera ver qué caras estás poniendo ahora, que sería la que pondrías justo cuando te dijera todo esto.
Pero ¿cómo? La invisibilidad, se ha roto, pero ella es la rota, hecha añicos.
Así veo ahora, desde la distancia, como ella, la invisibilidad, se había apoderado de mí.
Y ahora, aunque ya no sea parte de mí, como la piel o los ojos, permanece como una esencia, como una estela, como la huella.
Un trauma. Eso, como un trauma. Recurrente, ella da vueltas de vez en cuando, me asusta un poco y luego se va. Quizás le hace gracia visitarme, o le hago falta.
Pero no puedo cosificarla, no debo. La dejo atrás, aunque aparezca. La etiqueto de PASADO. La meto en su cajón correspondiente en mi mente. No le permito pasar más allá de la sorpresa y el susto.
Por eso es que ahora, a través de las letras, puedo hacerme visible ante de ti.
Las letras, me permiten hacerme visible, volverme emociones, o temperaturas, o árboles y bosque.
El señor del espejo se burla un poco de que a esta edad he descubierto que con frases escritas y pensamientos puedo ser.
Al fin y al cabo, era algo que probablemente tenía que pasar.

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UN MAR DE PALABRAS DICHAS SIN PRONUNCIAR

Fue como un buceo en aguas profundamente superficiales, densas, con su propio barullo azul.

Había burbujas que advirtiendo el  oxígeno y por lo tanto seguridad,así aunque sumergida, respiras, y callas.
Hasta pude palabrear en flores y circuitos. No sé explicarlo mejor, no hablé, solo palabreaba, eran palabras enredadas en las burbujas y en las ondas azules del liquido que a ratos parecía agua, a veces densa tinta, a veces nubes mojadas. Hasta en un momento estaba tan fría que parecía nieve sucia.

Entrar allí fue una decisión sin pensar. De esas que llaman  impulsivas, como un suicidio de ahora para ya mismo.

Simplemente escuché de la laguna silenciosa y la fui a ver, no entendía que tenía de especial una laguna que no hace ruido, pero Yelton me advirtió que no era eso, era silenciosa,  cuando estás acercándote o sentado en una de las muchas bancas del parque que rodea la laguna, el silencio es un ruido que no puedes dejar de oír.

Los oídos llegan a zumbar de tanto ruido que hace el silencio.

Y uno sabe que es la laguna sin ninguna duda. Porque hay patos y otras aves por ahí que rompen de repente el silencio, lo destrozan más bien, tanto, que saltas con un simple graznido, tanto, que tienes que taparte los oídos para que no te duelan.

Aunque te duelen lo mismo, porque el graznido se mete en los oídos y tapárselos más bien lo mantiene allí adentro.

Autor: Claudia Chacón

Autor: Claudia Chacón

De pronto, cuando iba llegando, el silencio me agarrotó la garganta, empecé a sentir una especie de ahogo, traté de respirar profundo pero no pude, me dolían los pulmones, estaban como apretados de tanto silencio. Me quité la chaqueta y los zapatos, casi sin dejar de caminar hacia la orilla. Tratando de respirar y sin pensar en nada, nada, entré en la laguna que se fue haciendo profunda a cada paso, como cortar gelatina, o taparse con arena.

O entrar en el mar helado, o todo junto.  Ella, la laguna,  te va llevando.

Cuando entré, descubrí que era continua, pero en dimensiones, absolutamente cuánticas.

Estás dentro y la ves desde afuera, pero entré.

Hasta que me tapó el agua y empecé a pensar, y ahí fue que pensé en palabras, algo así como: azul, onda, cortar, suave, morir, silencio, despacio, aire, agua, y entre las palabras hermosas había burbujas azules y blancas que parecían repetir el palabreo, un eco de aguas, un eco de ondas.

No alucinaba, lo sé, escuché algún graznido y tuve plena conciencia del lugar y de mi cuerpo empapado…

No empapado no, hecho uno con la laguna. Cuando salí, después de mucho rato, era de noche. Afuera las farolas daban una luz tenue y tranquila, algún auto pasaba, alguna sirena lejana.

Satisfecha, muy satisfecha de aquel silencio, totalmente hecho laguna.

 

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MENSAJE EN UNA BOTELLA

Querida, queridísima Tere:

Si este mensaje llegó a tus manos, ya sabes que cuando me fui, estaba vivo y en plenas capacidades, aunque tú lo dudes. Te dejé, me robé el velero de tu hermano y claro, ya sabes que vacié la cuenta para “el futuro”

Me fui solo, dudo que sea por mucho tiempo.

Deseo que se te pasen pronto las “emociones encontradas” nuevas que mi huida, te debe haber provocado.

Brindo por ti, chin, chin, querida Teresa.

Eso ponía en la carta que encontró Manuel en la playa, pero él no lo sabía.

Yo tampoco sabía mucho de la carta o de la botella en la que venía, pero como veo que tienes curiosidad por esta historia, pues me he puesto a preguntar por aquí y por allá, como un ejercicio de investigación.

Como no soy muy ordenada he ido escribiendo lo que me han ido contando.

A saber que es cierto y que no.

Autor: Claudia Chacón

Autor: Claudia Chacón

Tómalo con pinzas, porque ya se sabe, que cuando en los pueblos suceden estas cosas inusuales, rápidamente las lenguas y las mentes se lían en tejer palabras que adornen y detallen. Es como un concurso, algo así como:

A ver quién cuenta la historia de la manera más preciosa.
Al final lo que importa es pasárselo bien.
O, como en tu caso, saciar la curiosidad.

Tere. Estoy recolectando verdades y chismes, pero puedo adelantarte que cuando le dieron la botella, que estaba bastante estropeada, aun se leía su nombre y apellido. El que se la entregó, emocionado, claro, por todo lo que significa haberse tropezado con una botella del Moët, lacrada, imagínate, ¡lacrada¡ y con una etiqueta desvaída, en la que aún se podía leer:

Para Teresita Aizpurúa Méndez, mi amada esposa.

Su dirección…

Quien encontró la botella, un muchacho, sintió que aquello tenía todos los síntomas de romance, libro, películas, canciones, todo.

Tuvo casi, casi, la tentación de limpiarla, buen no, más bien frotarla, ya sabes, el genio, los tres deseos.

Pero decidió que prefería entregarla en persona a la tal Teresita, que aquello tenía que ser una verdadera historia de esas que no le pasan a todo el mundo.

Hasta evitó comentarlo. Era un secreto entre el escritor de aquel papelito que se veía adentro y él, pero claro cuando regresó de la playa ya estaba todo el mundo despierto y él iba por ahí con una botella roñosa de champaña, y había que preguntarle que para qué la quería, y al final, todos supieron de la botella.

Solamente una persona recordaba a una tal Tere que había pasado unas vacaciones en la villa, una joven seria y pálida que paseaba y leía libros, y que a veces andaba con un muchacho rubio que era todo sonrisas y que le caía bien a todo el mundo, pero nunca le sacaron nada personal, solo sonreía, saludaba y paseaba.

A pesar de la poca información sobre Teresita o Tere, nuestro muchacho decidió ir hasta la dirección que había en la botella, a pesar de que quedaba casi a tres días de camino.

En fin, llegó a la dirección.

Tocó el timbre, que no se oyó. Así que lo tocó otra vez. Ladridos. Malo eso. Los perros siempre interrumpen.

Se abre la puerta, y lo miran mal, él le dice que viene a traerle una botella a Teresita.

Y bueno, parece que empezar por decir lo de la botella fue un mal principio.

La muchacha que le abrió dijo que esperara y le cerró la puerta.

Se volvió a abrir: soy Tere. ¿Quién eres tú? ¿Por qué has preguntado por Teresita?

Ni buenos días, ni emoción. Aquella mujer era aburrida, no era fea, no, era aburrida.

Monocromática.

Decidió no contestarle nada, estaba decepcionado. El esperaba otra cosa

¿Qué esperaba?

Qué se yo, pero no esta mujer. ¿Cómo va a recibir algo así, alguien así?

Pero, en fin, el había venido hasta aquí a entregar la botella, lo demás era parte de su imaginación y ya se sabe que la imaginación es tan exagerada.

Así que sacó con mucho cuidado la botella de la bolsa en la que la llevaba y se la dio diciéndole:

Buenos días, soy Manuel, la llamo Teresita, porque así pone en esta etiqueta de esta botella que  estaba en la playa, no la he abierto, y he recorrido un camino tres días, casi sin parar para traérsela ¿sabe?

Pero a Tere parece que le dio asco el asunto, así que el muchacho, estaba totalmente decepcionado. Le repitió que era para ella. Estuvo tentado de marcharse con la botella, al fin y al cabo, la tal Teresita no tenía interés en la botella y él si quería abrirla

El le dijo que ella debía tomar la botella y por último si no la quería decírselo a él abiertamente.

Tere lo miró, con una cara de realmente no entender por qué ella debía tomar semejante decisión.

Así que ya sabemos que él la mandó. Así que al menos salió vivo de aquí.

Ya tenemos algo más.

Pero ¿esta mujer no tiene curiosidad? esta mujer desapasionada o tonta ¿no piensa abrir la botella?

Y ¿por qué se toma tantas molestias alguien por una mujer así?

Mandar al mar una botella con un mensaje es algo original, pero que además te llegue a tus manos es magia, pura magia.

Disculpe señora pero no sé cómo hace para no arrancarme la botella de las manos y abrirla. Ni siquiera sé cómo he hecho yo, para no abrirla.

Tere lo miró, pero creo que no lo veía.

Lleva perdido más de dos años. Se llevó una cuenta de ahorros de los dos y dejó aquí absolutamente todas sus cosas. Toda su vida. Toda, toda.

Decía cada palabra con desazón, con verdadero dolor, él había dejado toda su vida atrás, principalmente a ella.

Se fue, sin más, imagínese usted, un día se levanta y en la cama no está su esposo, ni en el baño, ni en el patio.

Está el carro.

Las llaves. La cartera. El teléfono. Toda su ropa, el cepillo de dientes. Todo.

¿Imagíneselo por favor?

La dejan a una y le dejan todo. ¿Cómo saber que no está por ahí muerto?

Hasta los zapatos dejó.

Se fue en zapatillas, las de ir por la casa.

Y como se fue sin zapatos, estúpida de mí, por mucho tiempo pensé:

No Tere no se ha muerto. Mire usted si esto no es una estupidez, pero era ver los zapatos y sentir que estaba vivo…

Todo, lo dejó todo.

Claro que pronto me llegó un mensaje al teléfono con el retiro de la cuenta, secuestro pensé, pero no, tampoco, porque ¿de dónde lo iban a secuestrar? Iba sin zapatos, en pijama, ¿de la casa? No, siempre dormíamos juntos.

Desayunó, en serio, preparó café, me dejó, como siempre, la mesa puesta para el desayuno. Y el diario al lado. Y se fue y dejó todo.

¿Entonces? ¿Abro la botella? ¿Me dirá que está perdido, secuestrado por piratas?

Quizás se lo llevaron con el velero de mi hermano que desapareció en esos días.

Entonces estará sufriendo, y ¿qué puedo hacer?

El muchacho menos decepcionado y más misericordioso pregunto:

Y la policía ¿no la ha llamado?

Fuí, pero no me hicieron mucho caso.

No me hacen caso en general.Nadie.  Me dicen que se habrá ido, como tantos otros esposos, y me miran con la misma cara que tú.

¿Yo?

Me sentí mal por haberla pensado monocromática, aburrida.

Entonces ahora aparece usted, con una botella, con su letra en la etiqueta y quiere que me la quede.

¿Qué hago? ¿La pongo entre sus cosas?

¿Aún las guarda?

¿Por qué no? Tiene todos sus zapatos.

Entonces, dígame, ¿qué hago con la botella?

¿Se imagina que la abro y se ha ido? y lo dice.

O sea: Teresita, me fuí.

O, Teresita, me harté de tus emociones encontradas y tus pensamientos brumosos.

O, hasta nunca, ya no te amo, se me acabo la provisión de amor. Voy a ver dónde encuentro más y cuando la tenga quizás regrese.

O peor, podría decir, fuiste lo mejor, pero ahora amo a otra.

No, eso no lo diría así, no, él usaría otras palabras, como: te he querido desde siempre y por este amor, he vaciado la cuenta del futuro, para esperarte allá, dentro de unos años.

Y está por ahí, en nuestro futuro, esperándome.

Entonces debe abrir la botella, quizás le envíe la dirección de dónde está.

No, esa botella solo lleva una dirección la mía. Fíjese que después de este tiempo sabe que estoy aquí. Sabe que no me he movido ¿que no lo espero? ¿Para qué mas direcciones?

Eso no lo sabe nadie.

Se le perdió la vista en el infinito y ella misma se contestó

¿O sí?

Se quedó pensativa.

Miró nuevamente al muchacho, le dió las gracias y le cerró a puerta.

María Dolores Solé Julio 16, día del Carmen

Dibujo a creyón de Claudia Chacón.

Visítala en: atodocreyon2.blogspot.com

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