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Volando con Mariposas. post cuarentena

No me veo muy alegre porque conozco la corta vida de las mariposas, pero igual logré elevarme con mi vestido largo y el moño que me hizo Xirtis, lo hizo virtual, como un tutorial, de lejos, algo así como que concentró sus manos en las mías y listo el moño.

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El hermoso vestido debía ser dorado porque lo usaría en el día nublado, casi lloviendo, de esta primavera tardía, el dorado destaca delante de las nubes, y parecería sol, o no, pero el azul parece luna, sirve igual…

Para que fuera dorado deberían haberlo hecho las arañas del centro, pero estaban ocupadas o escondidas por la pandemia, así que tuve que buscar arañas nuevas monocromáticas porque las multicolor estaban molestas por los colores de las mariposas y no entiendo bien porque, ellas ni siquiera hablan el mismo idioma, las arañas susurran todo el tiempo y las mariposas son tan despistadas que olvidan hablar. O quizás no lo olvidan sino que por volar no hablan, y ¿para qué hablarían? Con solo volar ya cuentan historias y si no díganmelo a mí, pasé dos horas volando con ellas, dos largas horas porque íbamos muy despacio y ellas querían hacer ver que no les costaba llevarme, así como si yo fuera etérea, insustancial, hasta volátil.

Y hacia tanto que no salía, tanto, que poder vestirme regia con moño y perfume de violetas ha sido muy divertido y claro poder volar con mariposas es como una gran cucharada de helado de chocolate, del oscuro, sin cerezas.

Era de madrugada así que casi nadie me vio, lástima, quizás hasta me hubieran aplaudido, o los niños con sus cometas se habrían quedado enganchados y nos habríamos, pero había que aprovechar las corrientes del norte ahora que he aprendido a manejar la brújula de mi teléfono, porque en estos días metida en la crisálida de mi mente he dedicado tiempo a aprender cosas útiles en caso de naufragio, tipo: La Brújula uso y manejo de Latitudes y Longitudes”, o el manejo de espejos reflejantes de pantallas reflejantes (esto fue difícil de entender) aún no se para que servirá, pero estaba en el pensum de Historias de las Monarquías y quería el diplomado para colgarlo en la pared azul del estudio de Samuel, se verá bien, es un diploma bonito, recargado con oropeles y filigranas doradas, sellos y firmas, muy de acuerdo a las monarquías y más de acuerdo aun con sus historias, además de que fue un diplomado diverso y anverso con algunos giros inesperados, giros que reclamé a los directores del diplomado porque algunos profesores se salían de contexto con excusas muy banales del tipo: “es que hoy no comí brócoli”, o “mi hija pequeña vomitó”  y no es que yo no sea compasiva o que no entienda los problemas digestivos de los profes, yo comprendo, pero que  cambien el temario abruptamente es desagradable, aunque, la verdad también tenía su gracia la cosa porque esto de las mariposas lo saqué de uno de esos giros cuando el profe de “Coronas falsas y Cetros” Monarquía 101 se puso a contar la historia del vuelo con mariposas infortunado para una extraña reina normanda que se llamaba Furliria  y que intentó este vuelo con cetro y corona y… y se cayó y parece que desde entonces ya no fue la misma.

La imagen me la envió un señor que no conozco, y que según entendí al leer su correo, es fotógrafo ambulante, pensaba yo que todos eran ambulantes pero parece que no, este me explicó que los ambulantes no son como los que andan con el teléfono todo el tiempo sacando fotos, el deambula, literalmente escribió: “soy diferente, yo deambulo pero no para sacar fotos sino más bien para encontrarme con ellas, con las fotos” entre otras explicaciones y excusas por el robo de imagen y cosas asi…

En fin le di las gracias y sigo pensando ¿como supo mi correo…?

Y no hay mucho mas que contar, obvio que bajé en cierto punto y hora, regresé a la crisálida convencida de que el dorado del vestido habría lucido más y que debo revisar mis conocimientos sobre la brújula porque creo que de día, quizás también pueda medir el Norte y salir con alguna buena corriente de aire y sol para que las mariposas realmente se luzcan y las cometas se enganchen en mi moño, los niños se rían y las personas aplaudan sorprendidas y alegres, porque ver algo así, no es cualquier cosa, y espero que en eso estemos de acuerdo todos. Gracias por leerme.

PD Si salimos de día creo que las arañas estarán de acuerdo en que el vestido debe ser azul oscuro, al menos las del centro. veremos…

Por si les interesa su correo es: volcanicus.imaginus@gmail.com

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LA SORPRESA DE LA SOLEDAD DE LOS MOMENTOS PARALIZADOS

LA SORPRESA DE LA SOLEDAD DE LOS MOMENTOS PARALIZADOS

 

 

Y de pronto de adentro, del fondo salen todos los momentos paralizados, tapados, no vividos, entregados, comprometidos, todos estaban ahí, como si realmente fueran míos para vivirlos, aunque yo misma lo impidiera.
Destemplados se presentan porque ahora hay tiempo y espacio.
Cuántos años guardando y arrinconando.
De pronto descubro que solo tengo lo poco que necesito para mi.
No hay más.
Y descubro que el vacío no solo viene de la profunda meditación, no, también viene cuando cruzas el límite entre la razón y la locura y te salvas.
Gracias a las manos que me abrazan y me cuidan, y a los corazones que no entienden pero atienden.

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Abro los ojos y todo sigue ahí. Reflexión zen…

VIERNES 21 DE JUNIO SOLSTICIO DE VERANO

PRIMER DIA DE RUTINA, CON PUENTE Y COACH

 

Abro los ojos y todo sigue ahí.

Quieto, nada se ha movido.

Quizás el tiempo sí, pero no hay ningún reloj.

Menos mal.

 

Los vuelvo a cerrar, solo está, nuevamente el silencio, y eso no me gusta.

El silencio solamente habla del miedo.

Los muertos son endemoniadamente silenciosos.

Terriblemente silenciosos.

En el silencio de la noche bien entrada en la madrugada, el silencio es sospechoso de prepara emboscadas en cualquier momento.

Si no ¿porqué cualquier ruido, por suave y sedoso que sea, nos pone los pelos de punta?

El silencio es cómplice de cuanta cosa horrible y amoral existe en este mundo.

En silencio se piensan y traman los crímenes más asquerosos de los quese leen en la prensa.

¡Silencio¡ Es lo primero que te dice el ladrón, el secuestrador.

¡Silencio¡

Y jamás he podido vivir en silencio.

No podría.

Mi mente no para.

Mi lengua busca la palabra, cualquiera y habla.

A veces habla sin mí. Desprendida de mi se larga y discursea.

Y lo hace bien. No aburre.

En realidad, soy inteligente.

Sin embargo se me pide silencio.

Silencio para encontrar la esencia de la vida.

El porqué.

El equilibrio parece que solamente está en guardar silencio.

Así que vivo montada al borde de un largo, inmenso puente colgante, casi infinito, en el que ni siquiera sé, si hay abajo.

Sé que arriba, hay. Hay estrellas, ellas muestran el silencio. Lo puedo ver. Igual que la luna.

Por eso de noche debo salir y buscar espacios enormes como este puente.

Solo aquí puedo ver al silencio y tratar de entenderlo.

Quizás, solo quizás, si lo veo, así, con este sentido de la vista, lo convierto en algo realmente físico, tangible, aprehensible.

 

Quizás entonces las clases de Zen y de meditación tengan algún sentido.

No hay silencio en esas clases.

Hay frufrú de la ropa.

Ahí están todos.

Eso no es silencio. No para mí. Estamos quietos y callados. Pero el corazón late.

Lo sé.

No hay duda.

La luna si es silencio.

Las estrellas si son silencio.

Aquí en el puente. Estoy en silencio.

Mi lengua que parece que ni está. Mi boca está cerrada, perpleja por su ausencia.

Aquí subida no sé si hay abajo.

Pero estoy segura de que durante el tiempo que tarde en llegar abajo, habrá solo silencio lleno de terror, pánico total lleno de silencio.

Silencio para regresar al centro, al equilibrio perfecto. Zen, yin y yan.

El nirvana.

El silencio de los muertos, pero vivo, sintiendo de verdad.

Solamente falta soltarse.

Cierro los ojos, ahí está mi silencio.

Quieto. Nada se mueve.

Quizás el tiempo sí, pero no hay reloj.

Menos mal.

Me suelto.

 

 

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Estado de Coma

Al fin después de un largo coma abro los ojos y descubro mentiras, la mayoría me las he dicho a mí misma, me las he creído y luego las he repetido a los demás.
Un largo, larguísimo río de mentiras y acciones hipócritas que se fueron sumando a otras sinceras y honestas acciones y frases.
Una mezcla extraña de ambos extremos.
¿No es así la vida de todos?
¿No es así tu vida también?
No puedo dejar de levantar la mano, culpable, pecadora, deleznable. Pero estaba en esta especie de coma al que no sé cómo llegué.
Claro que sí sé que no fue accidente ni trauma.
Tampoco fue alguien que me empujó a este estado, no, ni siquiera la vida.
Porque cuando reviso y rebobino, veo clarísimo que en realidad había que sobrevivir y parece que única forma que encontré fue vivir en ese estado.
Y desde ese punto de vista puedo ser declarada inocente.
Todo empieza cuando uno es tan pequeño, tanto, que es impensable que alguien nos cargue de tal manera el alma que terminemos por tratar de salir del ahogo y la confusión a través de una trama intrincada y delicada de falsedades y certezas.
Y vas creciendo físicamente, pero internamente no creces, para nada, te quedas atascado en esa maraña que has creado, que te impide ver tan siquiera la luz del sol cuando estás en la playa, o la frescura del rio cuando te llevan de paseo.
Pasas de un pensamiento a otro, saltas de una idea a otra pero siempre tienen que ver con escapar y salir indemne.
¿Escapar? ¿de qué?
Ni siquiera sabes.
Solo vas viendo a esos pensamientos que te llevan a brazos amorosos de príncipes rubios y fuertes, altos y románticos. Príncipes en motos rápidas que apenas te vean, flaca, cané y descangallada, igual se enamoren de ti y de un solo vistazo, sin ninguna duda te rescaten.
¿Rescate?
No, solo que te lleven, que me lleven y hagan de mi vida una cosa real y luminosa, hagan algo bueno con ella. Bueno, o perfecto, o como en las películas.
En realidad ¿qué se yo de una buena vida?
No hay referencia. Hay revistas, libros de amores difíciles o fáciles, pero no explican bien lo de vivir una vida buena.
Hasta quizás, pensaba yo, la vida confundida y enmarañada, es la vida buena.
Si a ver vamos, los pobres niños de Zambia o de Los Andes sí que lo tienen difícil.
Yo solamente tengo marañas, pero como y duermo caliente y tengo familia y estudio, o al menos tengo libros y clases. Aunque soy allí tan extraña como en mi casa.
Pero eso, es otra historia.
Y ahora, cuando despierto o salgo de ese estado, no hay lucidez, no aún, pero se que la va ha haber. Es imposible que sea de otra forma.
Tanta confusión, tanto creer en mis propias historias y las de los demás, ha dejado secuelas, un profundo cansancio y también desconfianza.
No confío en mi, tampoco en nadie.
Solo en mi príncipe, sin moto, pero rubio y severo, amoroso y honrado.
Que el corte, deshaga y ordene esta vida mía.

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