PAQUETE DE TELA COSIDO CON TERNURA Y TURRON

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@vibingpixel Rio Danubio

No he recibido paquetes en mucho tiempo. No había hecho compras online hasta este tiempo de confinamiento…
De pronto hoy recibo un mensaje en el que me avisan que tengo un paquete esperándome… Se lo que trae, pero me emocioné, sentí una alegría especial… de esas que suceden cuando llega un aroma que en principio y a veces al final no identificas, un olor que te lleva otro tiempo, otro momento y con la palabra “paquete” me fui a mi infancia.
Mis papas son inmigrantes. Dejaron a todos y todo en su tierra, y añoraban todo y a todos…

Mi abuela materna leía las cartas de mi mamá donde le contaba sus nostalgias, de sus hijos, (sus nietos), con fotos, dinero y amor…
Mi abuela, que nunca necesitó mas de lo que tenía, usaba ese dinero para ir comprando aquello que su hija añoraba, además de lo que le parecía podía gustarle a esos nietos que no conocía.
Juntaba periódicos locales, recortes de revistas que hablaban de esas cosas que sabia que ella amaría saber, lápices de colores con la bandera del pueblo, banderines del equipo de fútbol local, latas de turrón, de dulces, frutas confitadas, mazapán de la pastelería del yerno, libros de cuentos delgaditos llenos de imágenes, colonia y jabón de olor de aquella marca que ella jamás usó y su hija solo para su boda, y era el lujo que ella le quería regalar después de tanta hambre, de tanta negación, de tanta guerra.

Iba envolviendo cada cosa en capas de papel de la pastelería del yerno, papel usado con manchas de la grasa del dulce que envolvieron antes.

Luego cosía retazos de telas que había ido juntando de vestidos viejos, de pañuelos gastados y seguía envolviendo, haciendo una capa bien justa y pegada a los paquetes, bien cosidas las telas, cada una con su figura y su textura.

Al final otra doble capa pero de telas “finas” de manteles o servilletas que ella ya no usaría…
Buscaba un buen cartoncito grueso y comenzaba a escribir:
” Familia Solé Sempere…” “…Pepe Alemán a Cochera”…
Luego mandaba la carta por avión que llegaría mucho antes:
“Hija espero que te llegue el paquete que envié, porque con esa dirección no se yo…”
Y entonces llegaba aquel paquete a mi casa 2 meses o mas después, pero siempre cerca de la navidad, y había que esperar que llegara el papá y estuviéramos todos, mi mamá se sentaba en la mesa del comedor a llorar y a limpiarse la cara con el delantal, con las manos en el paquete para que no se le escapara, lo olía, lo tocaba, le daba la vuelta. Luego pedía una tijeras y esperábamos…

Llegaba mi papá y sin quitarse chaqueta o corbata, mirando arrobado a su mujer, mano sobre mano le sonreía y ahí comenzaba el corte de cada puntada, desesperante para nosotros, ritual para ella, doblaba cada retazo, cada uno, algún retazo le recordaba el vestido, el delantal y lloraba otra vez… otra pausa… luego el papel y ahí arrancaba otro llanto incontrolable…

El delicioso olor de la pastelería, del obrador, de cada dulce que durante vio salir y entrar, que a veces probó…
Y con el ultimo papel comenzaba a sacar cada cosa…

Prohibido hablar, tocar, oler, suspirar… Solo ver y callar.

Y después de ir poniendo esto aquí, esto allá, se levantaba nos miraba para dejarnos más paralizados aun y se iba al teléfono negro y pesado, le daba unas vueltas a la manija y pedía “una conferencia con Alicante, España” aquello podía retrasar el momento del reparto hasta dos o tres horas, pero no importaba porque al final después de la llamada, de lágrimas y algún bofetón porque alguien se negaba a saludar a la abuela, venía el momento cumbre del reparto, la probada, las risas, la alegría, la Navidad estaba lista, lo que viniera después ya sería otra cosa…

Aquel paquete duraba meses… entregado por cuotas sorpresivas a golpes de ternura de mi mamá, que no tenía mucha ni para ella… Muchos meses hasta que solo quedaban los cuentos, los lápices y los periódicos, las telas y los papeles…
A veces en sus eternos delantales mi mamá llevaba como pañuelo las telas del paquete con las gotas del perfume y lloraba… solo a veces…

Noviembre de Otoño el año de la Incertidumbre 2020

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