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Robo de Otoño

Ahora que me han robado el otoño me ha tocado inventarlo con este sol inclemente y este calor.

Este calor de playa y mar tropical sin otoño, sin primavera, sin invierno.

Inventarlo y sostenerlo al menos por unos minutos, más tiempo es difícil.

Pero insisto y busco con que fijarlo, olores, colores, sabores.

He tenido que anticiparme al robo que ya sé con seguridad que ocurrirá, es un futuro cierto sin ninguna sorpresa, todo seguirá igual, pero el robo es inminente, será la novedad, la sorpresa oscura y absolutamente cierta.

Ya sé que no es mío el otoño, era prestado, ya lo había perdido antes y jamás, jamás pensé que volvería sin esperarme.

Ya sé que él siempre ha regresado con sus vientos y sus colores y los montones de hojas, y me prometí que nunca más lo perdería…

Pero no cumplí, lo perdí, y es irremediable porque este otoño precisamente este, ya está yéndose sin mirar atrás, sin despedirse de mi, me deja deshecha, o no en realidad me deja hecha jirones, con lágrimas y una huella indeleble de vacío…

Manos mal que dejó su estela de ocres, marrones, amarillos, dorados, olores, vientos, bufandas, gorros y botas y quizás para su próxima entrega yo esté ahí, esperándolo, perdonándolo sinceramente porque mi amor por él es de los buenos.

Me robaron el otoño.

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La calma

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Hay palabras redondas, la calma es una.

También las hay cuadradas, difíciles de encajar obvio…

En lo personal las redondas son las que mejor van conmigo, por ejemplo calma, mar, calamar por supuesto…

Son palabras que me producen una sensación de estar entre nubes, descansada, abierta a observar lo que sea que pase… Y las puedo pronunciar, repetir, rehusar, reciclar, sin cansancio, tranquilamente.

Claro que las cuadradas, las difíciles de encajar, obvio, como calcetín, alfombra, pasta, sillón, se me hacen especialmente molestas y las evito en la medida que puedo, es fácil es solo cuestión de cambiarlas, buscar sinónimos, tengo un enorme diccionario y si no voy a Google, he sustituido la gran mayoría. Pero no es algo fácil. Para nada.

Luego están las palabras fofas, amorfas totalmente, que no se definen bien y esas realmente las detesto, por ejemplo: flama, universo, terrón, sopa…

Es difícil porque hay muchas más fofas de las que uno cree… Lenteja, acueducto, brisa, bruma…

Me producen una especie de rechazo visceral, son algo insoportable. En serio.

Hay algunas que por su forma tipo estrella o erizo me hacen plantearme la posibilidad de ni siquiera sustituirlas, solo dejar ese espacio en blanco, pero resulta mala idea porque el texto no se entiende del todo, por ejemplo:

La salió esta mañana y la puerta entre cerrada para evitar que pasarán no funcionó y hubo que cerrarla…

¿Vieron?

Y si es en una conversación es más complicado.

Creo que en definitiva tendré que quedarme callada o hacer como los obsesivos compulsivos que que evitan las rayas del piso, y los manteles de cuadros…

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TEJO NANAS SIN POESÍA

I

Cuando tejo, mi hijo dice que hago un sonido que lo duerme.
Entonces descubro que cuando alguien teje, al mismo tiempo hace nanas.
Por eso tejen las abuelas.
Las de antes.
Porque a ellas, siempre se les iba un hijo, y tejiendo, hacían nanas que volando llevaran buen sueño a sus hijos.

Sin saberlo claro, ellas no sabían, ellas añoraban y lloraban entre puntos y pasadas

Y ahora que no tejo, y soy abuela, mi hijo también se me fue.


Mi padre, siempre cuenta, que su madre le contaba las mejores historias mientras él la ayudaba a hacer madejas, y me las contó casi todas. Ahora son mías.
Él las tenía en su memoria punto por punto y las cuidaba con ternura.
Conocía cada entramado y conocía cada final, cada vuelta y punto…
Vio la trama surgir y escuchó las nanas de su mama.
Él (creo yo) no sabía que son nanas, pero sonríe, niño-anciano, por eso yo sé.
Y por esas historias y madejas mi padre es poeta.

II

Mientras escribo, suena Adele en las cornetas, y aunque no la escuche, la oigo como una envoltura, una especie de transparencia que se mueve con el aire y va por las ventanas y mueve las cortinas.
Ella anda en lo suyo, y yo escribo sobre las nanas que hace el tejido, ella tejió con notas y alma lo que ahora suena, y lo hizo sabiendo lo que estaba haciendo.

Como el tejedor: él sabe lo que está tejiendo, y como va a terminar su obra.
El que lo mira no.

El tejedor une puntos y nudos y compone a su ritmo una nana.
Única.

Adele canta lo que tejió y se entreteje con la trama del tejido de mis palabras.
Todo se está uniendo, es como hacer de Bach. De partitura, de piano.

III

Voy sacando palabras y las anudo y enlazo, las tejo mientras Adele va cantando y tejiendo con la guitarra con su voz y sus hilos y uniéndose a la aguja de mi tejido.
Hacemos nanas para el niño hombre que vuelve aunque se vaya.
Eso no lo sabían mis abuelas. Ellas tejían sin Adele, y sin hijo, como yo ahora que tampoco sé pero creo que si…

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